Dejó la actividad forestal tras un bypass y vive de su huerta en Corrientes
Wilmar Díaz Perera trabajó 24 años en empresas madereras, se operó a corazón abierto en 2018 y hoy produce cebollita de verdeo y perejil en 67 canteros cerca de Virasoro. Vende a vecinos y sobre la ruta porque las verdulerías le pagan poco.

Wilmar Díaz Perera tiene 52 años y vive en el paraje Caabí Poi, a 35 kilómetros de Virasoro, en el noroeste de Corrientes. No tiene título profesional, pero se define como forestal: empezó a los 17 años en el rubro maderero y trabajó 24 años en empresas del sector. Llegó a ser encargado general y supervisor de área en Las Marías, con dos campos y 60 obreros a cargo. En 2008 dejó la relación de dependencia.
En 2018 tuvo una operación a corazón abierto con cuatro bypass y estuvo dos años sin trabajar. Desde entonces la huerta, que había iniciado en 2009 en media hectárea cedida por la municipalidad sobre la Ruta 120, pasó a ser su actividad principal.
67 canteros y venta directa
Díaz Perera produce en 67 canteros de 20 metros. Lo que más sale es cebollita de verdeo y perejil; en menor cantidad, lechuga, acelga, remolacha, zanahoria, morrón, rúcula y repollo. Esta temporada sumó pepino y zapallito tronco.
- Vende a vecinos y sobre la ruta porque, según dice, las verdulerías le pagan muy poco.
- Le gustaría armar una cartera de clientes en Virasoro y repartir puerta a puerta, pero su camioneta no se lo permite.
- La tierra colorada de la zona tiene mucho hierro y aluminio: no puede plantar papa ni mandioca.
El último temporal le causó pérdidas porque no tiene cobertura de nylon, solo media sombra. Para el riego armó un pozo de 48.000 litros cubierto con nylon, pero se pincha y necesita una micromembrana de 800 micrones que cuesta alrededor de un millón y medio de pesos, más otro tanto de mano de obra. Como no reúne el dinero, piensa colocar un nylon de 200 micrones.
Un biofertilizante propio y el respaldo del INTA
Para enfrentar la mosca blanca y el gusano que atacan la cebolla y la acelga en verano, elabora un plaguicida, fungicida y biofertilizante foliar con 50 kilos de estiércol de oveja en un tanque de 500 litros, tres kilos de cenizas de leña, dos kilos de azúcar rubia o mascabo, medio kilo de levadura y cinco litros de leche líquida o tres kilos de leche en polvo.
Dice que el INTA le enseñó el oficio. El ingeniero Gonzalo Dos Santos lo acompañó durante ocho años; también menciona a Roque Gallardo, Pablo Peloni y Daniel Aguilera, que lo asesora a la distancia. En el año de la seca recibió mangueras para riego de Cáritas.
Díaz Perera asegura que no está en condiciones físicas de volver a trabajar para las grandes empresas de la zona. Pide al municipio que le firme un comodato por la huerta para poder seguir invirtiendo. Cubrirla con nylon mejoraría la calidad de las verduras y estabilizaría la producción, pero no llega a reunir 400.000 pesos. Mientras tanto, dice que paga 178.000 pesos por mes de luz y que prefiere esa cuenta antes que quedarse sin electricidad.




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