Cinco gatos por ratones: el error que devastó una isla
En 1949 llevaron cinco gatos a la Isla Marion para controlar roedores. Décadas después, la fauna local quedó devastada y ahora se prepara una operación de 25 millones de dólares para reparar el daño.

Una solución que salió mal
En 1949, el personal de una estación meteorológica en la Isla Marion, un territorio subantártico ubicado a unos 2300 kilómetros al sur de África, llevó cinco gatos domésticos para combatir una plaga de ratones que afectaba las instalaciones.
La isla era un santuario natural donde especies de aves marinas, como petreles y albatros errantes, habían evolucionado durante miles de años sin depredadores terrestres. Al no tener defensas naturales, las aves y sus nidos en el suelo se convirtieron en presa fácil de los gatos.
Sin controles, los felinos se reprodujeron sin límite: hacia la década de 1970 superaban los 2000 ejemplares y mataban un estimado de 450.000 aves por año.
Catorce años para erradicar a los gatos
Ante la magnitud del daño, en 1977 las autoridades pusieron en marcha un programa de erradicación que combinó captura intensiva, caza nocturna y la introducción del virus de la panleucopenia felina como control biológico.
El proceso se extendió más de una década: el último gato fue eliminado recién en 1991.
Pero la desaparición de los felinos destapó otro problema: los ratones, que habían sido introducidos originalmente por balleneros en el siglo XIX, se multiplicaron sin ningún depredador que los frenara. Según el Mouse-Free Marion Project, los roedores empezaron a atacar huevos, polluelos e incluso aves adultas, y hoy ponen en riesgo de extinción local a 19 de las 29 especies que anidan en la isla.
Una operación de 25 millones de dólares
Para revertir la situación, el Mouse-Free Marion Project —una alianza entre el Departamento de Silvicultura, Pesca y Medio Ambiente de Sudáfrica y BirdLife South Africa— diseñó lo que describen como la operación de erradicación de roedores más grande intentada en una sola isla, sobre unas 30.000 hectáreas de terreno volcánico.
El plan incluye:
- Una flota de helicópteros guiados por GPS que distribuirán cebo envenenado en franjas superpuestas durante el invierno austral.
- Una prueba previa en un sector menor, de unas 975 hectáreas, prevista para abril y mayo de 2027.
- Un presupuesto de 25 millones de dólares, financiado por el gobierno sudafricano y fundaciones internacionales.
Los responsables del proyecto advierten que el margen de error es nulo: si sobrevive un porcentaje mínimo de ratones, la población se recuperará por completo y el problema volverá a empezar.
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