La pirámide correntina que guarda el origen de Playadito
En Colonia Liebig, pegada al límite con Misiones, una réplica de un monumento alemán cuenta cómo un grupo de inmigrantes fundó hace cien años la cooperativa yerbatera que hoy lidera el mercado argentino.

Un monumento alemán en medio de los yerbales
En Colonia Liebig, una localidad correntina lindera con Misiones y rodeada de plantaciones de yerba, hay una pirámide que reproduce la de Karlsruhe, ciudad del sudoeste de Alemania. Cristina Siwicieki, trabajadora de la Cooperativa Liebig y descendiente de aquellos colonos, guía la recorrida por el monumento y explica su origen.
La pirámide original de Karlsruhe está en la plaza del mercado de esa ciudad alemana y guarda los restos de su fundador. La réplica correntina se levantó para que los inmigrantes y sus descendientes tuvieran "un pedacito de su tierra natal", según Siwicieki.
La historia arranca después de la Primera Guerra Mundial, cuando varias familias alemanas organizaron la cooperativa Nueva Karlsruhe para emigrar a Sudamérica en busca de mejor calidad de vida. El destino original era Paraguay, pero el proyecto no se concretó y el grupo terminó asentándose en el norte correntino, cerca de Apóstoles, Misiones, zona de fuerte tradición yerbatera.
Cien años de la cooperativa que creó Playadito
Tras la disolución de la organización inicial, las familias permanecieron unidas y el 19 de diciembre de 1926 constituyeron una nueva cooperativa, tomando el estatuto de la primera experiencia. Este año la Cooperativa Liebig cumple cien años.
En sus comienzos era conocida como "la cooperativa alemana". Con el tiempo se sumaron productores polacos y ucranianos de Apóstoles. "En la actualidad somos un crisol de razas", resume Siwicieki.
Dentro de la pirámide se exhiben fotografías y herramientas que reconstruyen el proceso histórico de elaboración de yerba: un antiguo barbacuá y un rodillo de madera con dientes usado para triturar las ramas secas, cuando el secado era artesanal y requería un calor suave y controlado.
- Durante sus primeros cincuenta años, la cooperativa solo llegaba a producir yerba canchada, sin completar el proceso industrial.
- A fines de los años setenta se instaló el primer molino.
- En 1979 salió al mercado el primer paquete de Playadito, marca que hoy es líder en el mercado argentino.
Más allá de la yerba: madera, miel y cooperativismo escolar
La cooperativa tiene otras líneas de actividad, además de la yerbatera: producción de granos, ganadería, apicultura, una planta de extracción y fraccionamiento de miel, y un aserradero propio. De ese aserradero salen madera para la venta, chips usados como combustible para secar la yerba y pallets para el envasado.
El supermercado de la cooperativa también tiene origen en una crisis: según relata Siwicieki, en un contexto en que los trabajadores cobraban su sueldo en bonos de la provincia, Liebig los aceptaba a valor nominal, mientras que en otros comercios "nos descontaban el 50% del valor de nuestros bonos".
La entidad sostiene desde la década de 1950 una juventud cooperativista, de la que salieron varios de sus dirigentes. Siwicieki la describe como un espacio donde se afianzan "el esfuerzo propio, la ayuda mutua y la solidaridad".
Ese aprendizaje empieza antes incluso: la Fundación Liebig administra el Instituto Educativo Cooperativo Crecer, donde los valores cooperativos se enseñan desde el nivel inicial. Desde quinto y sexto grado, los alumnos cursan clases teóricas de cooperativismo y manejan ellos mismos una cooperativa escolar, con los docentes solo como acompañantes.
La pirámide, que originalmente era un monumento cerrado, se adaptó en 2006 para permitir esta recorrida histórica. Lo que exhibe remite a los primeros colonos, pero la propuesta educativa de la cooperativa sigue vigente en las generaciones actuales.
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