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Estudian en el NEA la toxicidad de 16 plantas medicinales

Una investigación de la Unne analiza especies de uso popular como el burrito, el boldo y el paico para detectar posibles riesgos tóxicos y establecer dosis seguras de consumo.

Por Administrador 2 min de lectura15 visualizaciones
Estudian en el NEA la toxicidad de 16 plantas medicinales

Un equipo de investigación de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) evalúa la toxicidad de 16 plantas medicinales de uso popular en la región, entre ellas el burrito, el boldo brasilero, el paico, la menta y el ajenjo. El trabajo es parte de una beca de estímulo a la investigación y se desarrolla en el Laboratorio de Productos Naturales del IQUIBA-NEA, dependiente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura (FaCENA).

La responsable del proyecto es la licenciada en Criminalística Sofía Dell Orto, bajo la dirección de Gonzalo Ojeda y la codirección de Ana María Torres. La motivación surge de un dato de la Organización Mundial de la Salud: tres de cada cuatro personas en el mundo recurren a la medicina tradicional, una práctica con fuerte arraigo en el país gracias a los saberes de pueblos guaraníes, tobas y vilelas.

Riesgos detrás del uso tradicional

El consumo de plantas medicinales no está exento de peligros. La cantidad de sustancias tóxicas que contienen puede variar según el clima, el tipo de suelo o la época de recolección. Ya existen antecedentes que encienden alertas, como intoxicaciones por paico registradas en niños y la presencia de tuyona —un compuesto tóxico— tanto en el ajenjo como en el burrito.

Cómo se hacen las pruebas

La investigación avanza en cuatro etapas sucesivas:

  • Identificación técnica de cada especie y preparación de infusiones o decocciones que reproducen el modo en que se consumen habitualmente en los hogares.
  • Ensayos de toxicidad con larvas de Artemia salina, un crustáceo marino que funciona como indicador en estudios de este tipo, teniendo en cuenta la zona y el momento del año en que se recolectó cada muestra.
  • En los casos donde se detecte toxicidad, pruebas con bulbos de cebolla para determinar si los compuestos afectan el material genético de las células.
  • Determinación de la dosis exacta que dispara el efecto tóxico e identificación de las sustancias responsables mediante tecnología de separación y análisis químico en el laboratorio del IQUIBA-NEA.

La hipótesis de partida es que la mayoría de las plantas no representaría un riesgo significativo en su uso habitual. Aun así, el equipo busca confirmar si la toxicidad cambia según la temporada y el lugar de recolección, lo que permitiría identificar zonas y épocas más seguras para juntar estas especies.

Con los resultados, el objetivo es poder emitir alertas concretas sobre el uso de ciertas plantas, en particular para grupos vulnerables como niños, adultos mayores o personas con enfermedades preexistentes. El proyecto también apunta a fijar concentraciones de consumo seguro, un paso que podría respaldar científicamente el conocimiento tradicional y facilitar que estas especies se incorporen a los sistemas públicos de salud.

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