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Dejó Buenos Aires y se construyó una casa vikinga en Traslasierra

Un exestudiante de Arquitectura de la UBA cambió el subte y la bicicleta por el bosque cordobés, donde levantó con sus propias manos una vivienda de madera elevada, con estufa de barro y termotanque solar.

Por Administrador 2 min de lectura126 visualizaciones
Dejó Buenos Aires y se construyó una casa vikinga en Traslasierra

Samit tiene 40 años y hace trece dejó Buenos Aires para instalarse en el sur de Traslasierra, Córdoba, casi en el límite con San Luis. Hace tres años terminó de construir allí una casa de madera de inspiración vikinga, elevada sobre un antiguo lecho de arroyo y con vista panorámica a las sierras.

La vivienda tiene unos 40 metros cuadrados y está montada sobre patas debido a que el terreno tiene piedras y ramas del arroyo que dificultaban la excavación. La estructura elevada evita el trabajo de remover rocas y además deja circular el viento por debajo en verano.

Materiales reciclados y diseño según el clima

Samit trabaja en bioconstrucción desde hace unos 15 años. Según explica, la técnica no se limita a elegir materiales naturales sino a pensar cada vivienda en función del lugar donde se construye.

  • La casa es principalmente de madera, con muebles, mesada y objetos hechos por él mismo.
  • Usa palets como alternativa a la madera nueva, porque son materiales de reciclado y más económicos.
  • Calcula que tres personas pueden levantar una estructura similar en una semana, con una clavadora neumática.

La orientación de la vivienda busca que en invierno entre la mayor cantidad de sol posible y que en verano quede afuera. Para el frío incorporó una estufa chuncana de ladrillo, que acumula calor: con dos cargas de leña encendidas a la tarde, la casa se mantiene caliente hasta el día siguiente.

En el techo instaló un termotanque solar que, según su experiencia, le da agua caliente casi todo el año y solo requiere un complemento en algunos días de invierno. Lo describe como la mejor inversión que se puede hacer en la zona.

De la facultad de Arquitectura a la vida en el bosque

Antes de mudarse, Samit estudiaba Arquitectura en la UBA y trabajaba como albañil y pintor en Buenos Aires, combinando la rutina laboral con los viajes en bicicleta y tren hasta la facultad. Dejó la carrera cuando le faltaban cinco materias para terminar.

El quiebre llegó después de conocer el Delta de Tigre, donde vivió tres años y se acercó a la bioconstrucción, aprendiendo técnicas como la quincha. Más adelante, una propuesta laboral lo llevó primero a Calamuchita y después a Traslasierra, donde se estableció.

Hoy combina la construcción con la escritura —tiene cuatro libros publicados y prepara un quinto— y el trabajo como brigadista forestal comunitario. Sobre la decisión de cambiar de vida, resume que buscaba que su realidad exterior se pareciera a la que imaginaba por dentro, y asegura sentirse conforme con el resultado.

Reconoce que el cambio no estuvo libre de miedo, y que su método fue avanzar igual, sin certezas absolutas. Entre sus planes actuales están seguir plantando, mejorar la casa y construir una cabaña para recibir visitas. Insiste en que ese tipo de decisiones conviene tomarlas acompañado, con una red de amigos o familiares que puedan dar una mano.

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