Padres de América Latina se unen para frenar el celular en la infancia
Un movimiento nacido en un colegio de Mendoza ya reunió miles de firmas en Argentina y México: familias que pactan no dar celular a sus hijos hasta los 14 años ni redes sociales hasta los 16.

Un acuerdo que nació en un aula de Mendoza
En el Colegio San Nicolás de Mendoza, un grupo de padres detectó que varios problemas de convivencia entre alumnos de sexto grado —casos de ansiedad, un episodio de posible bullying y grupos de WhatsApp usados para excluir a compañeros— tenían un denominador común: el uso descontrolado del celular.
Ignacio Castro, padre de uno de los chicos, impulsó entonces un documento al que llamó Pacto Parental: un compromiso firmado entre familias para retrasar la entrega del primer celular hasta los 14 años y prohibir las redes sociales hasta los 16.
La idea se inspiró en Wait Until 8th, una asociación estadounidense con el mismo objetivo, mencionada por el psicólogo Jonathan Haidt en su libro La generación ansiosa, que analiza el vínculo entre el uso temprano de pantallas y el aumento de trastornos de ansiedad, déficit de atención y problemas de sueño en adolescentes.
La primera reunión convocó a 16 padres. Una semana después, ya eran 200 los que firmaban el acuerdo en el colegio. Desde entonces, la iniciativa se replicó en instituciones de Córdoba, Buenos Aires, Neuquén y Tucumán, y familias de Paraguay, Perú, Colombia y Puerto Rico contactaron a los organizadores para adaptarlo en sus escuelas.
El contexto argentino explica el impacto de la medida: según la Evaluación Nacional Aprender 2023, citada por Kids Online Red América Latina —vinculada a UNICEF—, el 91% de los chicos de 11 y 12 años ya tiene celular propio, cifra que sube al 97% entre quienes terminan la secundaria. La edad promedio de adopción del primer dispositivo es de 9,6 años.
México sumó miles de familias y escuelas
En paralelo, en Monterrey surgió el Movimiento No Es Momento, fundado en noviembre de 2023 por Alexandra Fernández, Ana Sofía Guerra, Maya Barrera y Mónica Andrés. También buscaron sumarse a Wait Until 8th, pero al no poder adoptar su modelo directamente, crearon su propio esquema de adhesión.
Su herramienta es el Acuerdo No Es Momento, un registro online donde las familias anotan a sus hijos y se comprometen a no darles celular antes de los 14 años ni acceso a redes hasta los 16. Según datos del propio movimiento, ya suman:
- Más de 7.000 acuerdos firmados
- Alrededor de 4.200 familias involucradas
- 580 escuelas adheridas en distintas ciudades del país
Para las fundadoras, sumar a los colegios es clave: la presión social entre pares es uno de los principales obstáculos para sostener la decisión, ya que los chicos sin celular suelen quedar aislados en fiestas o actividades grupales cuando son los únicos sin el dispositivo.
El movimiento se organiza con "madres núcleo" por ciudad y "madres líderes" por colegio, que coordinan reuniones mensuales y encuentros con especialistas en salud digital infantil.
Entre la falta de herramientas y el debate legislativo
Mercedes Llamas, cofundadora del centro Restart, especializado en salud digital infantil en Ciudad de México, atendió en el último año y medio a menores con adicción a redes sociales y detectó casos de retraso del habla, retrasos neuromotores y cuadros de ansiedad y depresión vinculados al uso excesivo de pantallas.
Tanto en Argentina como en México, los referentes de estos movimientos coinciden en que los chicos no tienen herramientas para resistir algoritmos diseñados para maximizar el tiempo de uso. Sin embargo, difieren en la estrategia hacia el Estado.
Castro no apuesta a una ley en Argentina y prefiere seguir organizando a las familias por fuera de la política pública. En México, en cambio, las impulsoras del movimiento dialogaron con legisladores: la diputada Laura Álvarez presentó en el Congreso de la Ciudad de México una propuesta para prohibir el celular en las escuelas y retrasar el acceso a redes sociales hasta los 16 años.
Llamas remarca que ninguna ley alcanza sin un cambio cultural en la crianza: si los padres no están convencidos del criterio, tienden a saltarse cualquier norma que se imponga.
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