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Europa busca calentar ciudades con el calor de los centros de datos

La expansión de la inteligencia artificial dispara el consumo eléctrico del continente, y la geotermia profunda surge como respuesta: energía estable para los servidores y calor residual para calefaccionar hogares enteros.

Por Administrador 3 min de lectura👁 25 visualizaciones
© Getty Images / ONATHAN NACKSTRAND/AF.
© Getty Images / ONATHAN NACKSTRAND/AF.

El avance de la inteligencia artificial está generando una presión energética creciente en Europa: cada centro de datos nuevo demanda electricidad de forma masiva y constante, justo cuando el continente busca reducir su dependencia del gas y el carbón. Frente a este dilema, la mirada se dirige hacia el subsuelo.

A varios kilómetros de profundidad, la geotermia profunda se perfila como una alternativa capaz de resolver dos problemas a la vez: abastecer de energía a la infraestructura digital y, al mismo tiempo, alimentar redes de calefacción urbana con el calor sobrante tanto de las plantas como de los propios servidores.

De recurso volcánico a tecnología escalable

Durante décadas, la geotermia estuvo limitada a zonas volcánicas como Islandia, donde el calor, el agua y la permeabilidad de la roca se daban de forma natural. Ese panorama cambió con la llegada de los Sistemas Geotérmicos Mejorados (EGS), técnicas adaptadas de la perforación petrolera que permiten fracturar roca seca y caliente, inyectar fluidos y extraer energía térmica sin depender de condiciones geológicas especiales.

Esta innovación redujo los costos de la geotermia cerca de un 40% en la última década. Según el think tank Ember, la electricidad geotérmica en Europa ya se produce por debajo de los 100 €/MWh, un valor competitivo frente al gas fósil. El potencial comercial inmediato se estima en:

  • 43 GW de capacidad
  • 301 TWh anuales de generación
  • Equivalente a reemplazar cerca del 42% de la generación eléctrica fósil actual de la Unión Europea

Hungría, Polonia, Alemania y Francia figuran entre los países con mayor margen de desarrollo. Pero el dato más relevante no es solo cuánta energía se puede producir, sino en qué lugares.

Centros de datos y calefacción urbana, en el mismo mapa

Los mapas de potencial geotérmico a 5.000 metros de profundidad coinciden, en buena parte, con los principales núcleos europeos de centros de datos: París, Ámsterdam y Fráncfort. Muchas de esas ciudades ya cuentan con redes de calefacción urbana (district heating), lo que abre la puerta a un esquema de aprovechamiento conjunto.

La idea consiste en instalar centros de datos cerca de plantas geotérmicas para que la electricidad estable alimente los servidores, mientras el calor residual —tanto de la planta como de la infraestructura digital— se canaliza hacia las redes urbanas que climatizan viviendas y edificios públicos.

Este esquema ya funciona en Helsinki, donde la empresa energética Helen recupera desde hace años el calor de centros de datos para abastecer a decenas de miles de hogares, mediante bombas de calor industriales que elevan la temperatura del agua hasta los 85-90 °C requeridos por la red urbana.

La carrera geotérmica no tiene ganador asegurado

A fines de 2024, el Consejo y el Parlamento Europeo respaldaron la creación de una Alianza Geotérmica Europea para agilizar permisos y financiamiento. España ya anunció inversiones puntuales, y las Islas Canarias se perfilan como un terreno de prueba por su subsuelo volcánico.

Sin embargo, el liderazgo tecnológico está en disputa. Estados Unidos y Canadá avanzan con incentivos fiscales agresivos y fuerte respaldo privado. De acuerdo con investigaciones citadas por Ember, la geotermia podría cubrir hasta el 64% del crecimiento eléctrico previsto para los centros de datos estadounidenses hacia comienzos de la próxima década.

Europa fue pionera en esta tecnología: la primera planta geotérmica comercial del mundo se instaló en Larderello, Italia, en 1904. Más de un siglo después, el continente busca no perder esa ventaja histórica frente a una competencia internacional cada vez más agresiva.

El objetivo final va más allá de reemplazar combustibles fósiles: se trata de integrar la economía digital con las necesidades energéticas urbanas, combinando electricidad constante para la infraestructura de inteligencia artificial con calor estable para los hogares, en un esquema que reduciría tanto las emisiones como la dependencia energética exterior.

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