La médica que consigue figuritas del Mundial a chicos con cáncer
En el Hospital Garrahan, una residente de hemato-oncología pediátrica se convirtió en intermediaria de intercambios de figuritas para que los pacientes internados, muchos aislados por sus tratamientos, puedan completar el álbum del Mundial.

Figuritas que unen a los chicos internados
Para millones de argentinos, el Mundial es una gran ilusión. Pero para los chicos internados con cáncer en el Hospital Garrahan, esa ilusión tiene un valor aún mayor: es una esperanza que los acompaña mientras atraviesan una pelea dura.
Antonella Ciucio, de 31 años, está terminando su residencia en hemato-oncología pediátrica en el Garrahan. Además de atender a los pacientes, ayuda a los chicos internados a intercambiar figuritas del álbum del Mundial sin riesgo de contagio, ya que muchos están aislados por tratamientos de inmunosupresión y quimioterapia.
La tarea se hizo conocida a partir de un posteo del pediatra y escritor Ezequiel Wagner, quien contó en redes sociales cómo encontró a Antonella clasificando figuritas donadas por una enfermera para repartir entre los pacientes.
Cómo funciona el intercambio
Antonella explica que las familias les compran los paquetes de figuritas a los chicos, y que algunos tienen muchas y otros pocas. Ahí es donde el personal del hospital interviene:
- Actúan como intermediarios para conectar a los chicos y facilitar los intercambios.
- Decoran las salas con elementos del Mundial y organizan la mirada de los partidos.
- Se aseguran de que todos los chicos puedan ver los encuentros, ya sea por televisión, wifi o celular.
“La idea es que ningún chico se quede afuera o se pierda la oportunidad de tener esa alegría”, señala la médica.
Sobre el álbum, cuenta que hay pacientes a los que les falta solo una figurita para completar un equipo, y otros que recién empiezan a juntarlas. “La de Messi nadie la quiere intercambiar”, dice entre risas, sobre la figurita más buscada por todos.
La vocación de curar
Antonella asegura que los chicos que atiende son conscientes de lo que les pasa, aunque enfrenten la enfermedad de otra manera. Destaca que todo el personal del hospital —médicos, enfermeros, maestros hospitalarios— busca constantemente actividades para ayudarlos a sobrellevar tratamientos que muchas veces se prolongan en el tiempo.
“Aprendemos a gestionar las emociones, pero sin dudas no las perdemos”, admite sobre su trabajo diario. Remarca además que, contrariamente a lo que se cree, la mayoría de los niños con cáncer pueden curarse, lo que sostiene una mirada esperanzadora en la especialidad.
Oriunda de Misiones, Antonella se formó en Corrientes y luego se mudó a Buenos Aires para especializarse en hospitales pediátricos de alta complejidad. Nunca tuvo familiares médicos, pero siempre supo que quería estudiar medicina y dedicarse a la oncología pediátrica, pese a las advertencias de conocidos y profesores.
“Los niños siempre me motivaron; su valentía, su resiliencia y su capacidad de sonreír... me inspiran”, concluye, sobre lo que la llevó a elegir esta especialidad.
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