“Queríamos el cambio que Macri proponía, no el que hizo”

Cuatro testimonios dan cuenta del desencanto de la clase media hacia la política económica de Macri en sus primeros mil días de gestión

Pablo Belfer tiene 35 años y es la tercera generación al frente de una fábrica de colchones con más de 50 años de historia y 60 empleados. Al igual que el 65% de los habitantes de Buenos Aires, en 2015 votó por Mauricio Macri. "Estaba muy cansado de lo anterior, estaba podrido de la mentira y el robo descarado", admite frente al local de venta al público que la familia abrió hace 13 años. Votó a Macri por el cambio que proponía, pero al hacer balance de sus mil días como presidente, considera que ha incumplido muchas de sus promesas. El desencanto de este comerciante es compartido por parte de la clase media que apostó por él: Macri auguró una revolución de la alegría que no ha llegado y en su lugar los argentinos sufren una crisis económica que no saben hasta cuándo se extenderá.

El brusco aumento de la inflación, azuzada por la devaluación del peso en más de un 50% este año, ha castigado con dureza las economías familiares. A la espera de los datos oficiales, que se conocerán a finales de mes, las organizaciones sociales e instituciones académicas advierten del significativo aumento de la pobreza en 2018. La situación de los hogares más vulnerables ha empeorado por la subida del precio de los alimentos -un 31% en el último año-, del transporte -un 40%- y la caída de las changas, los pequeños trabajos informales como obras de mejora en viviendas y tareas de cuidados con los que complementan el ingreso por los planes sociales estatales.

Muchos de esos trabajos en negro los facilita la clase media, que se ha ajustado el cinturón ante la subida de hasta el 1.000% en el precio de la luz, el gas y el agua respecto a las tarifas hipersubsidiadas durante el kirchnerismo y que ha visto reducida su capacidad adquisitiva con subidas salariales inferiores a la inflación. "Los aumentos tan salvajes frustraron las expectativas. Habría que haberlos hecho más pausados", opina Claudio Porpora, un zapatero de 60 años. Porpora también votó a Macri porque quería un cambio- "No queríamos más de lo mismo"- y aunque cree que lo ha cumplido "a medias" volvería apostar por él "para que no vuelva lo anterior", es decir, Cristina Fernández de Kirchner. Pese a la caída de popularidad, Macri conserva un 40% de imagen positivo y lidera las encuestas en intención de voto de cara a las elecciones presidenciales de 2019.

Ambos comerciantes creían que el cambio de políticas económicas haría que Argentina volviese a despegar después de unos cuatro, cinco años de estancamiento. No ha sido así. La lluvia de inversiones prometida no llegó y la inflación sigue desbocada a pesar del giro hacia la ortodoxia dado por el Gobierno. "A lo largo del Gobierno de Macri se trabaja como en la última época del Gobierno anterior. Después de 2001, en la época de Néstor, se trabajó muy bien y a partir de 2010 cayó e hizo una meseta. Y ahí quedó, no se recuperó más", señala Porpora. "No es que cayó el negocio, nunca creció, se mantuvo. Lo que se achicaron son las brechas de ganancias. Si ganabas 500 con un costo de 100, hoy es 500 con un costo de 300", dice Belfer. "Trato de no perder ventas, de buscar productos nuevos, cosas relacionadas, promociones, bonificar el envío", relata el dueño de la tienda de colchones.

Entre quienes no votaron al presidente el balance de su gestión es mucho más duro. "Esperaba que fuera más de lo mismo que vemos en la ciudad, malo respecto a las necesidades más acuciantes en educación, salud, atención de la gente que duerme en la calle, pero la semana pasada con toda la corrida del dólar en la calle se notaba un nivel de angustia que no esperaba que llegase nomás a los dos años y poco de un gobierno electo", dice el taxista Javier Pereyra. "Los pasajeros subían todos tensionados sin saber qué proyectar hacia el futuro", agrega Pereyra, quien cree que la situación actual lleva a recordar "los peores momentos de la Argentina" y ha provocado "una ampliación de desigualdad impresionante".

Pereyra comenzó a conducir un taxi en 2011 y por primera vez desde entonces el pasado agosto tuvo más gastos que ingresos. Fue un bache ocasional, ya que se vio obligado a parar durante una semana por tener el automóvil en el taller, pero refleja el deterioro del negocio. Este taxista recuerda que siete años atrás trabajaba sólo de lunes a viernes y su principal fuente de ingresos eran los viajes cortos de trabajadores desde sus casas hasta la boca del metro más cercana por la mañana y de vuelta a sus casas por las tardes. Hoy esos viajes no existen más: los empleados no se lo pueden permitir y combinan el autobús con el metro. Pereyra trabaja de lunes a domingo y aún así sus ingresos son menores. "¿En el último año aumentó la nafta cuánto? ¿Cinco, seis veces ya?", se pregunta. El precio de los repuestos también se ha disparado y sólo gracias al boca a boca y a las redes sociales, de las que ha sacado buena parte de su cartera de clientes, ha podido sortear el desplome de la demanda.

A Barbara Rebord cada vez le cuesta más llenar las clases de su escuela de confección de carteras de cuero. "El cuero está valorado en dólares y con la crisis lo primero que hace la gente es recortar los cursos. Los que sí pueden venir sienten que el material es muy caro para invertir en eso", señala Rebord. Otro de los problemas con los que tiene que lidiar es la reducción de la oferta de proveedores locales, ya que el aumento de costos y la competencia con los productos importados ha llevado a muchas curtiembres a bajar la persiana. "La industria nacional está muy mal. Hay negocios centenarios en Boedo que cerraron porque no pueden afrontar los gastos y otros que no te quieren vender y están esperando a ver qué pasa con el dólar porque si te venden ahora después no les da para volver a invertir", continúa. La tasa de referencia del Banco Central al 60%, récord mundial, y una inflación que puede acercarse al 40% este año han secado el crédito para las empresas nacionales, que ya habían sido golpeadas por la apertura parcial de las importaciones con la que Macri rompió el cerrojo impuesto por el kirchnerismo. "Yo quería algo más promedio, no tan agresivo. Lo único que hizo Macri fue desfomentar lo nacional. ¿Si no tenés producción acá, cómo hacés para competir fuera?", critica Belfer. "Queríamos el cambio que Macri proponía, no el que hizo", concluye.

Fuente: https://elpais.com/internacional/2018/09/09/argentina/1536501249_312152.html