“Mi mamá me agradeció el título y yo a ella”

Alejandro Ezequiel Córdoba se recibió el martes pasado de ingeniero agrónomo en la UNNE, luego de haber cursado poco más de cinco años y trabajar mientras estudiaba la carrera que soñó seguir desde que cosechaba algodón con su madre.

El joven de 25 años de Pampa del Infierno tuvo que trabajar desde chico para ayudar a la familia, comenzó tarde la primaria y es el primero de los nueve hermanos en recibirse.

“Trabajé desde chico y cursando en la facultad también lo hice, desde tercer año soy ayudante de cátedra y ese sueldo me ayudó. El año pasado me ofrecieron lo mismo en otra cátedra, también formo parte del Consejo directivo de Ciencias Agrarias. Somos nueve hermanos, siete mayores que yo y una hermana menor, mi padre falleció y mi madre sigue trabajando en Pampa del Infierno. Soy el primero en recibirme, algunos de mis hermanos no pudieron terminar la primaria por tener que trabajar”, relató a El Litoral el flamante ingeniero.

En su publicación en Facebook escribió su historia familiar y dijo que “era un sueño muy loco” ser ingeniero, al respecto contó: “Lo pensaba así por mi situación económica, era casi imposible venir a Corrientes y mantenerme acá, a mi mamá se le complicaba ayudarme y era más fácil quedarme y trabajar. Vine a estudiar casi ciegamente, pero gracias a Dios mi mamá me ayudó”.

A eso agregó que “lo primero que me dijo mi mamá cuando me recibí fue: ‘hijo, muchas gracias’. No podía contener su llanto. Yo le respondí: ‘mamá te amo’, y también le di las gracias. Me apasiona la producción y el campo. Me gustaría tener un trabajo allí, poder cosechar pero en Pampa, me gustaría ir ahí, trabajar el campo y estar cerca de mi mamá que me dio mucho y devolverle algo de lo tanto que me dio”.

En relación con esto, añadió que “mi mamá antes trabajaba lavando ropa y limpiando pisos en tres casas, pero el sueldo no le alcanzaba para ayudarme y empezó a vender torta a la parrilla, pan y medialunas. De esa manera me ayudó bastante”. Al tiempo que agradeció: “Quiero dar las gracias a mi familia, a mi novia y a su familia, a mis amigos de Pampa del Infierno de la secundaria y a mi compañero Sebastián que me ayudó mucho en la facultad”.

“Lo primero que recuerdo es que tan sólo con 6 años iba a ayudarle a mi madre a cosechar algodón en esos otoños e inviernos con heladas pegando en mis espaldas, con el algodón tapándome hasta la cabeza y el rocío mojándome por completo; el sol recién comenzaba a calentar cerca del mediodía, la hora en que comíamos picadillo y un buen cocido y a seguir. Pero, déjenme decirles algo, era feliz. Todo esto para poder llevar un plato de comida a casa, recién a los ocho años comencé la primaria, con un futuro incierto, pero con mucho esfuerzo”, así comenzó Alejandro a escribir su historia que se hizo viral en las redes sociales.